![]()
|
Vivimos
en clausura como el grano de trigo
oculto en la entraña de la tierra y simiente de la siega del Señor. Vivimos
lejos del mundo, para santificarnos por el mundo, amando el mundo, orando por el
mundo.
|
La
contemplación es nuestra principal ocupación a lo largo del día y de la
noche, porque somos como el corazón de la Iglesia que no deja de latir las
veinticuatro horas.

Vivimos
y anunciamos en nuestras vidas que el Crucificado está vivo y somos testigos de
su Resurrección.
Acompañamos
nuestra vida contemplativa con el trabajo, con el estudio, con las relaciones
fraternas.
Ya
ves, para ti también puede haber aquí un lugar. Porque siempre hay un sitio
para quien quiere amar, para quien quiere hacer algo or Dios, para quien quiere
arriesgarse en la vida, para quien no calcula cuando se trata de hacer algo por
la Iglesia y por el mundo.
¿Te
asusta?
Cuando
Dios se hace fuerza en el corazón todo es posible.
Tú
eres un posible de Dios
Las
rejas de nuestra clausura no son rejas de esclavitud, sino de la libertad de
nuestro corazón para volar más libre y más alto.
Nuestra
soledad no es el vacío sino el silencio que escucha a Dios en el grito de los
hombres.
Nuestra
consagración no es fuga de nada sino generosa entrega al servicio de Dios en la
Iglesia.
No
temas al riesgo.
Las
vidas se construyen arriesgándolas por quien antes arriesgó la suya por
nosotros.